DESMEMORIAS (yVII)
Es un tanto extraño que el primer recuerdo que se tiene de la vida sea de lastima, una lastima llena de pena hacia los demás; el darme cuenta de lo frágiles que somos a tan corta edad me cambio la vida. Me recuerdo muy bien aun que no se la fecha o mi edad exacta (aproximadamente 4 o 5 anos), era el primer día de preescolar, kinder o como le quieran llamar. Me encontraba justo en frente de la pequeña escuela con mamas he hijos por todos lados, la mía -mi madre- se encontraba frente a mi, con mi hermano menor amarrado a sus faldas, con cara muy seria diciéndome: M'ijo no vallas a llorar.
Yo no comprendí muy bien esas palabras en ese justo momento, la verdad nunca me dio miedo o pánico separarme de mi progenitora, y puse cara de "a chinga y eso?" ; a decir verdad creo -y ahora que lo recuerdo a la distancia- que no sentía nada y cuando digo "no sentía nada" lo digo literalmente, nada, sin miedo, curiosidad, expectativa o algún otro sentimiento propio de "el primer día de clases" -entre comillas para recalcar uno de los eventos que mas influyen en las personas-, de hecho mi infancia siempre fue muy parca en eso de sentir, por ejemplo, nunca me dolió la muerte de nadie o cuando se murió Benito (un perro lanudo y mugroso que creció conmigo) o cuando un amigo se mudo y jamás lo volví a ver o la vecinita que se murió después de una operación; bueno la idea es esa. Regresando al tema de "el primer día de clases" -y siguen las comillas por aquello de los recuerdos- la verdad no entendí eso de la llorada; así que creyéndome muy chingon le dije: Y por que habría de llorar ma? - No yo nomás decía. Ándale ya métete. Entonces yo muy seguro y habiendo olvidado la micro platica con mi madre di media vuelta y me dispuse a entrar al lugar que habría de ser testigo de tanta debilidad humana. Uno, dos pasos y ya casi entraba cuando un berrido -y es que no hay otra forma de nombrarlo- me hizo voltear la mirada y atención hacia "el pelón" (mi hermanito), quien ni presto ni perezoso se puso a llorar a moco tendido por mi ausencia. Yo, muy conmovido regrese junto a ellos y le dije al muy chillón: -no llores hermanito, al rato jugamos. -hay guey! Se fijan la ternura con que hablamos de pequeños-. El pelón balbuceando todavía, estaba a punto de responder cuando un concierto de gritos y lagrimas -como el coro de alguna iglesia cristiana- le interrumpió y lleno el ambiente de ruido, todo esto como que me devolvió a la realidad y de pronto me di cuenta que no éramos los únicos y que había al menos una veintena de escenas como la nuestra, donde no solo lloraban hermanos si no los futuros educados; niños, niñas, hermanos, hermanas y alguna que otra madre sobre protectora todos ellos unidos en un recital lleno de lagrimas y abrazos; recuerdo a las maestras jalando y tratando de separar a los niños que aferrados a las ropas de sus madres se rebelaban contra su destino, también mas de una futura madre golpeadora regañando y reprimiendo a alguno de sus sentimentales hijos. Después de algunos minutos de batalla entre maestras y llorones casi todos se encontraban ya dentro de la escuela y yo muy seriecito y sin derramar lagrima alguna me dispuse a entrar antes de que la maestra viniese por mi y a jalones me introdujere al sistema educativo mexicano (con minúsculas por que no lo respeto) diciendo: Hola Carlitos pásale a tu segunda casa, mientras me jaloneaba y preparaba para futuros castigos. Y ya yo me dirigía muy mansito y resignado para adentro cuando a la entrada del salón descubri a una niña que no había visto en todo el recital anterior pues se había metido a primera hora, ella, ahí paradita solita mirando, como espectador de circo que no le cusa gracia el espectáculo, me miro de frente y cuando me encontraba cerca alcance a distinguir en sus ojos, cientos de venas que cubrían su órgano ocular, tenia ella la mayor cara de tristeza que jamás vi. Voltee y mire a todos balbuceando y sollozando, levante la miranda y busque a mi madre y a mi hermano, los distinguí a lo lejos de espaldas alejándose del lugar, fue ese momento -mirando toda esa escena- en que por primera vez sentí lastima, sentí lastima por el niño gordito que no había parado de llorar, sentí lastima por aquel flaco que resignado se sentó junto a la puerta, sentí lastima por la maestra desesperada tratando de calmar a todos, sentí lastima por la niña triste, sentí lastima por las madres que se marchaban, sentí lastima por los hermanos que eran separados de sus compañeros de juego, sentí lastima por todos, pero sobre todo -y esto me peso en el corazón- sentí lastima por mi al darme cuenta de lo indefenso que estaba al ver a mi madre partir, sentí lastima por la soledad recién encontrada y por ya extrañar a el pelón, sentí lastima por no haber llorado y así tirar todo eso que tenia dentro de mi.
Este pues, es el primer recuerdo de mi vida y se siente raro que sea de lastima, de lastima hacia los demás y hacia mi, por que descubri a muy temprana edad que siempre necesitamos de los demás, aun cuando a veces se nos olvida.
2 comments:
si...el mío también es del kinder....pero la historia es un poco diferente yo era la niña preguntona con el jardinero porque no me gustaba jugar con los otros niños, así que me sentaba por ahí a observar como jugaban o como las plantas cambiaban con las estaciones. Pero me acuerdo de un dia mientras el viejito jardinero sacaba los cacahuates del pequeño jardín del kínder y me explicaba como tenían que ser tostados antes de comer….>.<… en ese dia me asombro como los cacahuates cresen debajo de la tierra y me empecé a cuestionar acerca del crecimiento de otras nueces y legumbres.
yo no lloraba cuando me dejaban, lloraba cuando mi ma no venía por me a tiempo y todos se estaban retirando....Cero que las primeras memorias se nos quedan impresas son esas que las asociamos cun un impacto emocional el cual nunca habíamos experimentado antes o porque fue intenso.
La primera memoria de kinder, por su intensidad, suele ser de vida tambien
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